Exploraciones Cianotípicas: entre el error y la revelación
- Andres Pedroza Salas
- 7 abr
- 3 min de lectura
Esta exposición no empezó como una certeza, sino como una curiosidad.
El primer acercamiento a la cianotípia llegó a través de la maestra Vanessa Quintero, quien sembró una inquietud que con el tiempo se transformó en experimentación constante. Lo que inició como aprendizaje técnico pronto encontró un lugar dentro de una búsqueda más amplia: la de ser un cronista visual del territorio habitado, alguien que observa y da visibilidad a aquello que, por repetido, termina volviéndose paisaje.
La cianotipia apareció entonces no solo como técnica, sino como experiencia. Hay algo en su proceso que se siente cercano a la alquimia: preparar la mezcla, emulsionar el papel, esperar, exponer, revelar. Y, sobre todo, aceptar que no todo está bajo control. Desde el inicio, el error se hizo presente. Los tiempos fallaban, la luz no respondía como se esperaba, el agua arrastraba lo que debía permanecer. La frustración fue parte del camino.

Pero también lo fue el descubrimiento.
En algún punto, algo hizo clic: el gesto del brochazo, las texturas accidentales, la aparición inesperada de la imagen. Una de esas pruebas, que estuvo a punto de ser descartada, terminó marcando un giro en el proceso. Fue nombrada Silente. Ahí se entendió que el error no era un obstáculo, sino un lenguaje.
Ese aprendizaje se trasladó directamente al montaje.
Las piezas no se presentan como resultados cerrados, sino como fragmentos de un proceso abierto. Las pruebas están pegadas directamente sobre el muro, acompañadas de anotaciones escritas a mano: dudas, fallos, decisiones, hallazgos. Una extensión natural de una práctica que viene del muralismo, donde intervenir la pared no es solo soporte, sino acción. Aquí, el error se hace visible, se comparte, se vuelve parte de la obra.
Más que mostrar imágenes, la exposición propone una forma de mirar.
En ella conviven lo urbano y lo natural: animales, estructuras, presencias que hacen parte del entorno cotidiano pero que rara vez son observadas con atención. La intención no es representarlas únicamente, sino provocar una pausa, una pregunta, un pequeño desplazamiento en la percepción. Volver a ver lo que siempre ha estado ahí.
La difusión del proyecto también fue parte del proceso. Invitar siempre implica incertidumbre: no saber quién llegará, cómo será recibido. Sin embargo, la suma de esfuerzos, redes, voz a voz, cercanía con distintos públicos me permitió que el espacio se activara. El acompañamiento de personas clave como Duván Prada y Camila Revelo fue fundamental para que el montaje tomara forma.
El día de la inauguración llegó con una sensación distinta: paz.
El montaje estaba listo, limpio, a tiempo. Y con él, la posibilidad de compartir. Uno de los momentos más significativos fue el conversatorio, ese espacio donde la obra deja de ser solo visual y se vuelve palabra, intercambio, resonancia. La respuesta del público confirmó algo importante: el mensaje fue entendido. Las personas reconocieron los elementos, se vieron reflejadas en ellos, identificaron ese cruce entre lo urbano y lo natural como algo propio.

En medio de todo esto, hay también un gesto personal: el autorretrato. Incluirlo no fue sencillo. Implica exposición, cuestionamiento, una incomodidad necesaria. Pero también es una forma de abrirse, de habitar el proceso desde otro lugar, de construir confianza. No solo en la obra, sino en uno mismo.
Si algo deja esta exposición, es una certeza construida desde la insistencia: la de seguir. La terquedad entendida como persistencia, como la capacidad de no abandonar a pesar del error, de la frustración, de la duda.
Exploraciones Cianotípicas no es un cierre. Es un comienzo.
Una serie que se abre, que continuará transformándose, explorando nuevas formas, nuevos formatos, nuevas posibilidades de circulación, incluyendo la producción de copias y la activación de otros espacios.
No hay una dirección completamente clara, y eso también hace parte del proceso. Pero hay algo que sí permanece: el compromiso de hacer, de insistir, de habitar el arte como práctica constante.
Porque al final, más que una técnica o una serie, esto es una forma de estar en el mundo.
Y todo empezó con una simple pregunta que me quise responder, Y si combino cianotipia e ilustración.



Comentarios